Nada es lo que parece, y lo que parece, no és.
La única Verdad, la Muerte. La más grande de las Justicias, el pago de nuestras vidas. Para algunos un castigo, para otros, una salvación. Puede ser dulce o, la más agria de la Verdad.
Porque Verdad, solo hay una. La Muerte. Tan Verdad, como es "verdad" que ahora estamos vivos. ¿O acaso, es mentira? Porque a lo mejor, esta vida solo es un Teatro. Miles, millones, miles de millones... de Obras de este inmenso teatro representándose al unísono.
Vidas entrelazadas, simultáneas, cruzadas. Como cosidas por ese invisible e infinito hilo que es la vida. La vida, compañera inseparable de la Muerte.
Si la Muerte es la Verdad. ¿Entonces que es la vida? Habrá que esperar a la Muerte, para saber la Verdad.
domingo, 5 de octubre de 2008
miércoles, 1 de octubre de 2008
Vuelve a sonar el tronar de los cascos
En las inmensas llanuras bañadas por la luz de la luna.
Bajo los infinitos crepúsculos de fría noche de plata.
Caballeros cabalgan con negros ropajes y negras monturas.
Estandartes olvidados de batallas ya en los tiempos olvidadas.
Vuelven sobre su silencio en noches bañadas de negrura.
Se encienden las hogeras y vuelven a entonarse cánticos olvidados en la bruma de los tiempos al son de del tintineo de un martillo en la fragua.
La leyenda, vuelve a nombrarse en la palabra. Recobra vida.
Sonidos y acordes prohibidos de palabras prohibidas, ya lejanas y enterradas.
Enseñanzas perdidas en lo remoto de los recuerdos, que hablan de honor y valentía.
Plegarias secretas, oraciones de silencio. La inmensidad del Hombre frente a si mismo. Su desnudez de alma, la rectitud de su camino. La entrega a la causa sin importarle el valor y la dicha de su empresa. El ritual de cada amanecer hacia el sol, saludando con la gratitud de quien recibe el regalo de un dia más.
Los Códices ocultos.
Imploro yo, hombre nacido de mujer, hijo de un hombre.
Imploro yo, como hombre que soy, mi calidad de caballero.
Juro mi lealtad a la Verdad,
mi entrega a la Bondad,
y mi defensa a la Justicia.
Defenderé,
con mi sangre al indefenso,
daré cobijo al sin techo
y saciaré al hambriento.
Protegeré,
el Bien de todo mal,
la Verdad de la mentira,
alzando el estandarte de la Bondad.
Entregaré,
mi sangre
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